En busca de una nueva narrativa para las finanzas sostenibles
Pese a estos retos, el contexto global actual se torna como un momento decisivo para las finanzas sostenibles. Por definición, la inversión sostenible equivale a “invertir en el futuro”, con la vista puesta en crear sociedades y mercados más resilientes y redecibles para todos. Si queremos liberar todo el potencial que subyace a la inversión sostenible, es esencial superar una narrativa que puede ser percibida como moralista y elitista.
Es urgente asumir una narrativa que reconozca la magnitud de los retos y las oportunidades que se perfilan en el horizonte.
En los últimos años, "generar rentabilidades y simultáneamente hacer el bien" ha sido el primer mandamiento por el que se ha regido la comunidad financiera. Esta sobresimplificación ha sido considerada como blanqueo ecológico cuando, bajo su capa, se ha soslayado el papel crucial de las políticas gubernamentales y la financiación pública. También ha alimentado el mito de que el capital privado podía, por sí solo, impulsar la transición a un futuro sostenible (por mucho que tenga un papel importante que jugar en ella). Ha llegado el momento de formular esta narrativa con mayor precisión.
Invertir pensando en el largo plazo
Necesitamos una historia unificadora, basada en la evidencia científica y que ponga el foco en el papel que cada actor desempeña en esta transición.
Los inversores deben enfocarse en un objetivo común: generar rentabilidades basadas no en las rentabilidades pasadas, sino en las dinámicas que moldearán el futuro. Para capturar plenamente la oportunidad de la inversión sostenible, es esencial redefinir el enfoque de inversión a largo plazo. La sostenibilidad no es una clase de activos sino una manera de invertir que prioriza los datos en las decisiones de asignación del capital, buscando generar valor a largo plazo.
Marie-Laure Schaufelberger, Chief Sustainability Officer.
Para participar en esta narrativa, la comunidad financiera debe comprometerse con la transparencia en aquellas cuestiones relativas a la sostenibilidad que incumben al sector, aun cuando sea incómodo. Esto significa, por ejemplo, no preciarse de generar bajas emisiones de gases de efecto invernadero en sus operaciones mientras se minimiza u omite la mención de las mucho más significativas emisiones asociadas a las inversiones en las empresas de cartera o los activos en balance.
El papel de los inversores
Identificar y mencionar la información de carácter significativo es fundamental, pues ahí es donde radican los riesgos y las oportunidades a largo plazo. Como accionistas, los inversores también tienen la responsabilidad de elegir los consejos de administración de las empresas en las que invierten. Es en las salas de reuniones de los consejos donde deben plantearse las preocupaciones relacionadas con temas medioambientales y sociales significativos –aquellos con mayor probabilidad de influir en la rentabilidad de la empresa–, y tenemos el deber de actuar cuando no sea así.
Para reimaginar la movilidad del mañana, los agentes tanto públicos como privados están llamados a colaborar e identificar conjuntamente oportunidades que beneficien a todos.
Por último, esta narrativa alternativa reconoce que la transición a una economía sostenible ya está en marcha, y afecta a distintos aspectos de nuestra vida diaria. En el momento de escribir estas líneas, la calidad del aire en Ginebra mostraba concentraciones de partículas en suspensión (PM 2.5) casi tres veces superiores al valor umbral de la OMS —definido por niveles dañinos para los grupos vulnerables como niños y personas mayores—. La activación de mayores restricciones a la circulación en agosto mediante la pegatina Stick’AIR del cantón de Ginebra afectó considerablemente a muchos conductores en susdesplazamientos diarios.
Este es solo un ejemplo de que, para reimaginar la movilidad del mañana, los agentes tanto públicos como privados están llamados a colaborar e identificar conjuntamente oportunidades que beneficien a todos. Hacer realidad estos planes solo será posible con inversores que entiendan las oportunidades que ello representa a largo plazo. Es urgente asumir una narrativa que reconozca la magnitud de los retos y las oportunidades que se perfilan en el horizonte.