La carrera por la soberanía sobre los recursos naturales
Lejos ya el multilateralismo y las salvaguardas que de él se derivaban en un mundo global basado en reglas, estamos viendo un giro estructural hacia un mayor regionalismo. Las potencias medias están tratando de proteger sectores claves y blindar las cadenas de suministro de interferencias externas. Conceptos como relocalización (reshoring) y deslocalización de ciertos procesos a países aliados (“friend shoring”) se han convertido en parte medular de las estrategias en la mayoría de las economías desarrolladas, cuyos gobiernos están optando por repatriar en la medida de lo posible los procesos productivos en busca de una mayor autonomía estratégica –en energía, alimentos y minerales críticos, pero también en finanzas y en las cadenas de suministro.
Esta búsqueda de autonomía estratégica se ve además impulsada por el cambio de actitud de EE.UU., que ha dejado de actuar como el policía global para priorizar ante todo sus propios intereses (“America First”). Los gobiernos están ampliando las partidas que destinan a gasto en defensa e infraestructuras, posicionando sus economías para capturar las oportunidades del día de mañana.
Hasta ahora, el petróleo era el motor de la economía. Actualmente, esa función han pasado a desempeñarla los datos. En este sentido, la IA, la computación cuántica y la ciberseguridad jugarán un papel crítico, y en la economía del futuro se abrirán más oportunidades en el sector espacial.
(vídeo en inglés)
Ello amplifica el valor de los recursos y las infraestructuras necesarias para sostener una economía basada en los datos y la electrificación. Asegurarse acceso a recursos críticos, incluida la energía, los metales y las tierras raras, está cobrando cada vez más importancia en la agenda de los gobiernos. Este giro se ve complicado adicionalmente por la desigual distribución de estos recursos, y hay regiones, como Europa, expuestas a retos particulares.
Con la transición desde los combustibles fósiles a la electrificación, la estructura de la demanda de materias primas está experimentando una transformación fundamental, de lo que se derivan profundas implicaciones para la resiliencia económica, la inflación y la influencia geopolítica.
Escasez de recursos
La economía mundial se ha mostrado sorprendentemente resiliente, incluso ante el mayor shock energético de la historia desde que hay registros. Pero sigue vulnerable a perturbaciones más frecuentes y más severas por el lado de la oferta. Este incierto entorno probablemente redunde en precios más volátiles, exacerbados a corto plazo por la “tecnoflación” (presiones alcistas sobre los precios al incrementarse la demanda de materiales requeridos para dar soporte al boom de la IA).
A largo plazo, la IA debería impulsar la productividad y tener efectos desinflacionistas. Pero la inflación se ve espoleada por la escasez de recursos y la influencia de tendencias estructurales, como la desglobalización, la demografía, la descarbonización y la dominancia de la política fiscal.
Los mercados emergentes están convirtiéndose en los proveedores de los ‘picos y palas’ necesarios para la implantación de la IA a nivel global.
En lo que respecta a los recursos, dicha escasez se agrava por el inicio de un nuevo ciclo de inversión de capital por las empresas para adaptarse al fenómeno de la IA agente. A la par que esto ocurre, los gobiernos requieren financiación para costear la inversión en infraestructuras y defensa, transformación tecnológica y el creciente gasto social vinculado al envejecimiento de la población. El resultado es una lucha por el capital para financiar, por un lado, las ambiciones de las empresas y, por otro, los planes de los gobiernos – una competencia que se traduce en un encarecimiento del coste de la financiación.
Durante más de cuatro décadas, la economía global ha operado en un entorno de tipos de interés bajos y abundancia de capital. La consolidación fiscal, la globalización y el progreso tecnológico crearon potentes fuerzas desinflacionistas, que permitieron que los rendimientos de la renta fija evolucionasen a la baja y llegasen a marcar mínimos históricos tras la pandemia del Covid-19 en 2020. Ahora, en un contexto de competencia por el capital y una inflación estructuralmente más alta, los inversores exigirán probablemente mayor remuneración por prestar su dinero a largo plazo. Los persistentes déficits presupuestarios no están sino agravando esta situación y traduciéndose en una escalada de las primas exigidas por financiar a los gobiernos.
Los mercados emergentes, vitales
En este entorno, los mercados emergentes (ME) están reclamando un papel central en el panorama de inversión global. Estas economías desempeñan un rol cada vez más vital como proveedores de lo que el mundo más necesita: la infraestructura que sostiene la IA, los recursos que sustentan la seguridad energética y unas monedas alternativas al dólar respaldadas por stocks de deuda más bajos, saldos exteriores más saneados y mayor integración en las cadenas de suministro globales.
El desarrollo de sistemas de IA a gran escala requiere de un vasto ecosistema físico que abarca semiconductores, manufacturas avanzadas, materiales especializados, data centres, redes ópticas e infraestructuras eléctricas; gran parte de dicho ecosistema se diseña, fabrica o ensambla en los mercados emergentes, particularmente del norte de Asia. En consecuencia, hay segmentos del universo de la renta variable y la deuda corporativa de los ME que están ahora bajo el impulso de un ciclo de inversión multianual asociado a la infraestructura digital y el despliegue de la IA, en lugar de a tendencias de consumo a corto plazo. De hecho, los mercados emergentes están convirtiéndose en los proveedores de los “picos y palas” necesarios para la implantación de la IA a nivel global.
Con este trasfondo, proyectamos una rentabilidad anualizada del 6,8% para la renta variable global durante los próximos diez años. Un punto de partida ligeramente más alto en los tipos de interés implica un rentabilidad esperada más alta que la del año pasado para la deuda soberana, del 5% en los US Treasuries y del 3,6% en los bunds alemanes. Nuestra proyección para el oro a 10 años vista se mantiene en líneas generales estable en el 4% anual. Por último, seguimos esperando un debilitamiento del dólar estadounidense durante la próxima década, si bien a un ritmo más gradual que anteriormente. Nuestras proyecciones a 10 años para los cruces EUR/USD y USD/JPY son de 1,30 y de 129 respectivamente.
En conclusión, estamos convencidos de que comprender los riesgos y las oportunidades de este nuevo orden mundial será crucial para quienes nos dedicamos a la asignación de activos y la construcción de carteras en estos próximos años. Creemos que el punto de partida de cualquier viaje inversor debería ser entender la naturaleza interconectada de los rápidos cambios del paisaje geopolítico, financiero y tecnológico que estamos experimentando en la nueva era de rivalidad multipolar.
Para los inversores, este mundo más fragmentado exige carteras diversificadas con énfasis en los activos reales y tangibles que formarán parte integrante de la infraestructura de la IA y las economías electrificadas del futuro. Una inflación estructuralmente más alta y los déficits de las cuentas públicas indican claramente la vía a seguir: comprar activos que los gobiernos no pueden "imprimir".
Horizon 2026
Macroeconomía · 08 sept 2026
Horizon 2026 – La carrera por la soberanía sobre los recursos naturales
Se abre ante nosotros una nueva era. Tras el multilateralismo basado en reglas que predominó en la posguerra se ha impuesto una rivalidad multipolar, y las crecientes tensiones geopolíticas resultantes de ello se traducen en mayor incertidumbre en todo el mundo. En el ojo de esta rivalidad multipolar se encuentra el pulso por la supremacía entre Estados Unidos y China. Y como clave en pos de ese objetivo ambas libran una carrera por el liderazgo tecnológico – específicamente, en el campo de la inteligencia artificial (IA). La pugna entre las dos superpotencias por la primacía digital se extiende a una competencia por los recursos naturales necesarios para impulsar la economía de la IA. Su frágil tregua comercial es un indicativo del carácter altamente disputado del entorno, en el que “la soberanía sobre los recursos naturales” es un imperativo.
Macroeconomía · 21 sept 2026
Stablecoins versus the digital euro
The rapid evolution of digital finance has brought stablecoins and central bank digital currencies (CBDCs) to the forefront of global economic discussions. Stablecoins, which are digital assets designed to maintain a stable value, have experienced explosive growth. This is prompting new regulatory frameworks and raising important questions about their impact on financial stability, monetary policy and the international monetary system. At the same time, central banks are exploring digital currencies to preserve monetary sovereignty and adapt to changing payment landscapes.
Macroeconomía · 23 sept 2026
The great scramble for resources
Today’s increasingly fragmented world is driving a dash to secure resource sovereignty. Across the globe, governments are prioritising energy security and access to key commodities in the face of conflicts, trade barriers and climate change.
Macroeconomía · 23 sept 2026
From monetary independence to fiscal dominance?
In previous “Horizon” publications, we have highlighted several structural trends shaping economies, including demographics, deglobalisation, decarbonisation, debt and digitalisation. Successive crises – such as the Covid pandemic, the war in Ukraine, the trade war and the recent Middle East conflict – have exacerbated these trends.
Macroeconomía · 25 sept 2026
Energy independence and access to commodities in the era of electrification
Energy independence and secure access to commodities have become central to economic policy in the 2020s, shaped by geopolitical uncertainty, market volatility and the global climate transition.
*Topographies of Fragility
Declaración sobre la serie
Topografías de la fragilidad es fruto de una búsqueda permanente de lugares en la naturaleza que ofrecen espacios para la contemplación, el silencio y la conexión emocional; paisajes que parecen inalterados por la presencia humana. Pero, con el transcurso de los años, me hice cada vez más consciente de la delicada tensión entre su aparente permanencia y su vulnerabilidad subyacente.
Mientras trabajaba en mi estudio en un intento por liberar espacio, empecé a arrugar copias impresas desechadas de esos mismos paisajes que había fotografiado. Lo que empezó como un gesto inconsciente pasó gradualmente a reflejar el modo en que a menudo nos relacionamos con la propia naturaleza, como algo que se usa, se consume y se desecha.
Puesto que las fotografías existen en papel que proviene de los árboles, la copia impresa manipulada encarna una relación directa entre lo material, la imagen y el medio ambiente. Al transformar físicamente la fotografía, transformo metafóricamente el propio paisaje, invitando a la reflexión sobre las huellas que nuestras acciones dejan tras de sí. Mientras nosotros damos forma a la naturaleza, esta, a su vez, nos da forma a nosotros.
Fotografía
Ingrid Weyland es una artista argentina cuya obra explora la frágil relación entre el ser humano y el mundo natural por medio de la fotografía y la experimentación con los materiales.
Nacida en una familia dedicada a la escultura y la arquitectura, desarrolló una precoz sensibilidad a la forma, el espacio y la materialidad, influencias que continúan configurando su práctica en la actualidad. Su trabajo empieza por experiencias de inmersión en paisajes remotos que se convierten en obras fotográficas, transformadas después mediante intervenciones físicas para reflejar la fragilidad del medio ambiente, su memoria y las huellas duraderas de la acción humana.
Su obra se ha presentado en muestras internacionales y ha recibido reconocimiento mediante premios, exposiciones y publicaciones, como el Saatchi Art for Change Prize (Americas Winner), el Ashurst Emerging Artist Photography Prize, el Aesthetica Art Prize, una nominación al Prix Pictet, y su designación como finalista en el Hasselblad Masters 2026.