Tendencias en private equity tecnológico para 2026

IPOs, IA y la proliferación de unicornios: los temas más candentes para los inversores de private equity en tecnología de cara a 2026 y años siguientes

El equipo de private equity temático sobre tecnología de Pictet analiza los aspectos de la nueva ola de innovación, desde la IA hasta las IPOs, que están captando la atención de los inversores en este inicio de 2026.

A lo largo de la historia, sucesivas oleadas de innovación tecnológica han redefinido prácticamente desde sus cimientos la economía global. A partir de la década de 1990, cabe distinguir claramente tres grandes hitos en dicha evolución: primero Internet, luego el teléfono móvil y el ecosistema de apps, y más recientemente la "nube". Cada una de estas olas creó comportamientos completamente nuevos, modelos de negocio inéditos hasta la fecha y, en último término, billones de dólares de valor de empresa, inspirando la aparición de empresas tecnológicas generacionales que hoy forman parte de la vida diaria.

Creemos que la ola que está actualmente en marcha –ligada a la inteligencia artificial (IA)– es diferente de las otras tres citadas no solo en cuanto a su escala sino a su profundidad. No estamos ante un ciclo tecnológico más; se asemeja más a una revolución industrial.

3 conclusiones principales
  • 1.
    El "pipeline" de IPOs previstas en 2026 es reflejo de la mejora de las condiciones de liquidez y de unos mayores "outcomes" potenciales para los inversores de private equity sobre tecnología.
  • 2.
    La IA ofrece un abanico de oportunidades muy heterogéneo; desde una perspectiva de private equity, las aplicaciones y las plataformas nos parecen los segmentos más interesantes.
  • 3.
    Diversificar a lo largo de todo el paisaje tecnológico no cotizado sigue siendo vital para captar oportunidades y gestionar los riesgos.

En el presente artículo, el equipo de private equity temático sobre tecnología de Pictet analiza tres aspectos de esta nueva revolución que están captando prioritariamente la atención de los inversores.

Las empresas tecnológicas privadas sustentan un "pipeline" de IPOs por valor de billones de dólares

Aunque, como cabría esperar, la IA sigue alentando gran parte de la narrativa tecnológica, uno de los eventos más importantes para inversores en tecnología este año estará seguramente en otra área del universo "tech": SpaceX tiene previsto lanzar una Oferta Pública Inicial (IPO, por sus siglas en inglés) de acciones en los próximos meses. Como uno de los unicornios actualmente más valiosos en todo el mundo, se espera que SpaceX coloque 30.000 millones de dólares en acciones y obtenga una valoración bursátil total de 1,5 billones de dólares, convirtiéndose así en la mayor IPO de todos los tiempos. Esta ambición se ve avalada por una posición auténticamente dominante en su negocio de lanzamientos espaciales. El año pasado, SpaceX realizó más lanzamientos a la órbita terrestre que el resto del mundo junto, y los satélites Starlink representan ahora el 60% del total de satélites activos.

De manera más amplia, este previsto estreno en bolsa pone de manifiesto dos temas importantes para nosotros como inversores de private equity: la mejora de las condiciones de liquidez y unos mayores "outcomes" potenciales. En cuanto a la liquidez, en 2025 asistimos a un regreso de las IPOs tecnológicas y esperamos que a lo largo de este año se produzcan más salidas a Bolsa. Hay entre bastidores un importante elenco de empresas privadas, además de SpaceX, listas para lanzarse a cotizar, como Databricks, Stripe o líderes de la IA como OpenAI y Anthropic. Esta diversidad enfatiza la amplitud del abanico de oportunidades; sin minimizar la importancia de la IA, las inversiones en tecnología hoy en día abarcan mucho más que esta (como analizamos en la siguiente sección).

Paralelamente, y pese a que la liquidez está regresando, existe una clara tendencia entre las empresas a esperar más tiempo para salir a cotizar en Bolsa. Esto es lo que ayuda a agrandar el tamaño del premio para los inversores privados. Hace 10 años apenas había un puñado de empresas tecnológicas privadas, con una valoración que rondaba los 5.000 millones de dólares; hoy en día hay cerca de 150. SpaceX podría ser el catalizador de más salidas a Bolsa durante el año, ayudando a cristalizar este valor creado para los inversores privados. De hecho, cuando eventualmente SpaceX se convierta en cotizada, su capitalización bursátil hará palidecer la de Google el día de su estreno en Bolsa, que fue de unos 23.000 millones de dólares.

Una proporción cada vez mayor de la curva de creación de valor está ahora generándose antes de la salida a Bolsa de las empresas y, como inversores de private equity, nos apasiona destinar recursos a ese conjunto de oportunidades.

Sólidos cimientos de la IA y un alto techo

Llevamos invirtiendo en IA mucho antes de que ChatGPT se popularizase hasta formar parte del léxico cotidiano, como antes lo hiciera Google. Lo que sigue convirtiendo ésta en un área de inversión tan atractiva es la velocidad de su adopción. Ninguna otra tecnología ha sabido perfeccionar con semejante rapidez su encaje entre producto y mercado, tanto a nivel de los consumidores como de las empresas.

ChatGPT atrajo 100 millones de usuarios en apenas dos meses, un hito que empresas tecnológicas generacionales, como Instagram, Facebook o Twitter, tardaron varios años en conseguir. Además, ChatGPT mantuvo este explosivo ritmo de crecimiento, contabilizando más de 800 millones de usuarios activos a día de hoy.

Pero, en comparación con la era de las puntocom, y esta es una diferencia clave, no se trata solo de su uso generalizado o del ruido mediático generado. La adopción se está traduciendo en ingresos reales, y con gran rapidez. Las empresas nativas en IA están alcanzando ingresos anuales de 100 millones de dólares en el espacio de meses, en lugar de décadas, porque la IA recorta drásticamente el lapso que va desde el diseño y gestación de un producto a la generación de valor medible para los clientes. Así que los usuarios están votando con sus billeteras, y el 80% de las empresas estadounidenses tienen ahora una suscripción de IA. Aún más destacable, varias empresas de IA, nacidas tras la pandemia, han superado la tasa de ingresos recurrentes de 1.000 millones de dólares antes de cumplir dos o tres años de vida. Ese ritmo de monetización no tiene parangón en la historia del software.

Aunque la mayoría de los titulares se centran obsesivamente en unos pocos ganadores, como ChatGPT, esto supone infravalorar claramente la evolución del ecosistema. La IA no es un único producto o empresa: es un "technology stack" completo, con múltiples capas y numerosos actores, cada uno capaz de capturar valor de modos muy diferentes.

Una analogía útil para plantearse esta cadena de valor de IA es comparándola con la construcción de una casa. En la parte más baja, a modo de cimientos, están la computación y la infraestructura. Esto incluye sobre todo productos relacionados con el hardware, como microprocesadores, centros de datos y computación en la nube ("cloud"). Este tramo es intensivo en capital, impulsado por la escala y dominado por grandes incumbentes cotizados en Bolsa e hiperescaladores. Estas capas capturan valor significativo en un estadio temprano, porque son necesarias antes de que pueda construirse nada más.

Sin embargo, a medida que la casa va ganando altura, los pools de beneficios tienden a desplazarse hacia arriba; este es un patrón que hemos visto repetirse en todos los ciclos de tecnología. La siguiente capa es la capa Modelo, donde transitamos desde negocios "basados en hardware" a otros "impulsados por software". Esta capa está compuesta por grandes modelos fundacionales como OpenAI y Gemini, que forman las redes neuronales a través de las que se construye la IA. Serían el equivalente al sistema de tuberías y la instalación eléctrica de la casa. Se trata de empresas altamente intensivas en efectivo, con importantes costes de formación e inferencia continua.

Por encima de esta se ubica la capa Plataforma, que funciona como el entramado interno de la casa (vigas, cableado y sistemas de control) para que todo funcione y sea seguro. Son los equivalentes a los “picos y palas” de la IA: infraestructura de datos, "model tooling", observabilidad, orquestación, seguridad, gobernanza y cumplimiento normativo. En términos prácticos, estas son las empresas del software de infraestructura necesario para desplegar la IA con fiabilidad, a escala y con respeto de los requerimientos regulatorios y operativos.

En el nivel más alto está la capa Aplicación, que sería la superficie habitable terminada. Este es el espacio donde la IA se hace tangible, los productos concretos con los que interactúan usuarios y empresas finales, como motores de búsqueda, automatización de flujos, soporte al cliente, desarrollo de software y soluciones más específicas. Esta capa rebosa actividad, tanto por parte de incumbentes que están rediseñando productos existentes como por parte de start ups dedicadas a construir soluciones nativas de IA desde el mismo día de su creación. Las capas situadas en lo más alto son las que nos despiertan un mayor interés.

El "stack" de la IA – Nuestro foco de inversión

En olas tecnológicas precedentes, las rentabilidades más altas y duraderas tendieron a generarse en las capas de software y aplicación, donde el margen para diferenciarse se multiplica, emerge el poder de fijación de precios y el valor para el cliente se hace evidente en los flujos de trabajo diarios. Ahí es donde vislumbramos las oportunidades de inversión más atractivas conforme el ecosistema IA siga madurando.

No colocar todos los huevos en una única cesta

Por apasionante que sea la IA, como inversores de private equity creemos que la diversificación a lo largo de todo el espectro tecnológico es esencial. Así, ante este entorno de megatendencias oportunistas y estructurales impulsadas por la IA, hemos identificado cinco segmentos tecnológicos de alta convicción que serán, a nuestro juicio, los que ofrezcan las mejores rentabilidades a largo plazo (véase ilustración más abajo).

La IA es sin duda la piedra angular, sobre todo en las aplicaciones para empresas y sectores. Pero más allá de la "IA empresarial", también vemos oportunidades interesantes en fintech, ciberseguridad, tecnologías de consumo y deep tech (áreas todas ellas en las que los avances tecnológicos y los cambios regulatorios o en los patrones de uso están creando nuevos ganadores). Estos son los segmentos en los que como inversores de private equity estamos bien posicionados para captar la próxima fase de creación de valor en tecnología.

Ahora bien, ello plantea naturalmente la pregunta de por qué invertir en tecnología a través de empresas no cotizadas.

Admitimos el considerable valor que ya ha sido captado en los mercados cotizados, en particular por los denominados siete magníficos. Pero creemos que existen muchas más empresas tecnológicas de alto crecimiento, innovadoras y futuros referentes en su categoría todavía en manos privadas, que podrían actuar como complemento para la exposición cotizada de los inversores. A efectos de diversificación de cartera, los mercados privados ofrecen acceso a un conjunto de oportunidades mucho más amplio: hablamos de poder seleccionar entre un universo de miles, en lugar de docenas, de empresas.

Otro aspecto también asociado a los mercados privados es que las empresas están esperando cada vez más tiempo para salir a cotizar en Bolsa en vista de que el ecosistema se ha vuelto mucho más institucionalizado. No son raros los unicornios "tech" en alcanzar una valoración de decenas o cientos de miles de millones de dólares antes de acceder a los mercados cotizados.

Además, los mercados secundarios son más profundos, la liquidez está mejorando y la transmisibilidad de paquetes de acciones privadas entre inversores sofisticados está aumentando. Esto permite a los inversores privados participar en la creación de valor durante las múltiples etapas —nacimiento, desarrollo y crecimiento— de la empresa, en lugar de solo en el momento de la IPO.

En otras palabras, una proporción cada vez mayor de la curva de creación de valor está ahora generándose antes de la salida a Bolsa de las empresas y, como inversores de private equity, nos apasiona destinar recursos a ese conjunto de oportunidades.

Cinco segmentos tecnológicos de alta convicción respaldados por fuertes catalizadores

IA empresarialFinTechCiberseguridadConsumo"Deep tech"

Aplicaciones IA (horizontal y vertical)

Autom. agente de flujos de trabajo

Herramientas para desarrolladores y habilitadores

Tecnología de infraestructuras

Modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM)

Banca digital

Infraestructura de pagos

Tecnología de gestión de patrimonios

Stablecoins

Ciberseguridad empresarial

IA agente

Protección de datos

Gestión de identidad y accesos

KYC / AML y trazabilidad

Interacción con consumidores

Marketplaces

Optimización de posicionamiento generativa

Asistentes autónomos para compras basados en IA

Juego

Gestión de cadena de suministro

Software industrial

Robótica

Tecnología espacial

Sistemas autónomos

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