II Guerra fría
En 1945, George Orwell describió una guerra fría como «una paz que no es paz». Según Niall Ferguson, «dicha descripción se ajusta como un guante a las relaciones entre EE.UU. y China en este momento».
Cualquier gran potencia que gaste más en pagar los intereses de su deuda que en defensa está abocada a dejar de serlo pronto.
«Existe una rivalidad tecnológica, una rivalidad ideológica y una rivalidad geopolítica», afirma Ferguson. «Estas dos potencias están colisionando en una variedad de áreas».
De cara al futuro, EE.UU. tendrá dificultades para cerrar la brecha manufacturera con China, dice. «Pese a sus esfuerzos arancelarios, de política industrial y otras medidas, EE.UU. se mantendrá considerablemente por detrás de China en la fabricación de bienes». Ferguson también prevé una sensible depreciación del dólar a lo largo de los próximos diez años, lo cual será positivo para activos refugio como el oro y el franco suizo.
Además, China está llamada a adelantar a EE.UU. en la carrera por la supremacía tecnológica, dice Ferguson. Su predicción está motivada, en parte, por los eficientes modelos de inteligencia artificial de código abierto de China –como DeepSeek– y por el hecho de que China genera ahora el doble de electricidad que EE.UU.
En cuanto a la rivalidad geopolítica, Ferguson destaca que EE.UU. actualmente gasta más en pagar los intereses de su deuda de lo que invierte en defensa, y la partida de intereses será de más del doble para 2040. Según la Ley de Ferguson, formulada a partir de la observación de imperios en decadencia desde el siglo XVII, esta tendencia pone en serio riesgo la continuidad del poder estadounidense.
Ferguson afirma que, para 2035, habrá tres superpotencias nucleares una vez que China se sume a EE.UU. y Rusia. Mientras que una guerra fría con dos superpotencias nucleares es «relativamente simple desde una perspectiva de teoría de juegos», dice, «la dinámica se vuelve mucho más compleja con tres, sobre todo si, de ellos, dos están aliados entre sí».
«El peligro en cualquier guerra fría es su calentamiento –tal vez por Taiwán– en algún momento de los próximos años», advierte Ferguson. «Si Xi Jinping y Donald Trump dan un paso en falso, podríamos encaminarnos a una crisis geopolítica de envergadura similar a la de los misiles en Cuba, con la diferencia de que esta tendría consecuencias económicas mucho más grandes debido al papel central que Taiwán tiene para la economía global».
En última instancia, Ferguson cree que EE.UU. y China evitarán entrar en guerra por Taiwán debido al principio de una destrucción económica mutua asegurada. «En la primera guerra fría fue posible alcanzar una tregua entre superpotencias, y creo que ello será también posible en la segunda». Con todo, Ferguson anticipa que la influencia de China sobre Taiwán seguirá aumentando, y con el tiempo, Taiwán podría correr una suerte parecida a la de Hong Kong.
En este sentido, Ferguson predice que «la II Guerra fría probablemente terminará no con un estruendo sino con un gemido».