Enea está creando un legado basado en aportar a la naturaleza
Un legado familiar configurado por la naturaleza
A los siete u ocho años, Enzo Enea tuvo una experiencia que a la larga repercutiría profundamente en su vida y su carrera profesional. Se encontraba en un jardín al norte de Italia con su abuelo, que se ganaba la vida construyendo fuentes al aire libre. "Estábamos en agosto, hacía calor, y yo tenía sed y hambre", afirma Enzo, rememorando este momento de hace más de medio siglo. "Mi abuelo cogió un melocotón de un árbol cercano y me lo dio. Me pareció increíble lo dulce que estaba." El pequeño Enzo preguntó cómo un árbol podía producir algo tan delicioso, y la respuesta de su abuelo se le quedó grabada: "Si eres bueno con la naturaleza, la naturaleza compensará tu bondad".
Esa filosofía ha guiado a Enzo desde entonces. En la actualidad dirige Enea, una de las empresas de arquitectura paisajista más grandes y respetadas del mundo, famosa por su sensible y reflexivo enfoque sobre las plantas, los árboles y los espacios. La empresa cuenta con más de 300 empleados en el mundo y sucursales en Zúrich, Milán, Miami y Nueva York, junto con su sede social en Rapperswil-Jona, Suiza. Ha diseñado jardines y hogares para instituciones, entre ellas museos y galerías de arte, así como para numerosos clientes privados en todo el mundo.
Tenemos que trabajar con y no contra la naturaleza, nuestra supervivencia depende de ello.
Sin embargo, Enea no siempre ha operado a esta escala. Se remonta a 1973, cuando Francesco, el padre de Enzo, siguiendo los pasos de su propio padre, fundó una empresa dedicada a la decoración de jardines. Cuando Enzo se hizo cargo de la actividad 20 años después, la empresa no tenía más que dos empleados. Pero, durante las tres décadas siguientes, Enzo transformó Enea, convirtiéndola, como dice él, "de una empresa basada en un producto a una impulsada por proyectos". Ahora, en 2025, la empresa goza de un alcance y una reputación globales.
Gran parte de la transformación se ha producido durante la última década y, al igual que muchas empresas familiares de rápido crecimiento, Enea ha experimentado algunas dificultades iniciales en su desarrollo. "Es relativamente fácil tenerlo todo controlado con 60 o 70 personas", afirma Guenda Enea, la hija de Enzo, de 28 años, quien se incorporó a la empresa en enero y hoy se sienta junto a su padre en la luminosa sala de juntas situada en la sede social de la empresa. "Pero, cuando tienes 300, tus empleados creen que trabajan para una gran empresa. Esperan una estructura, y buscan profesionalidad en el modo de funcionamiento de la empresa. El auténtico reto es combinar ese tamaño con los valores de una empresa familiar".
De recuerdos infantiles a liderazgo estratégico
Guenda se acuerda de cuando, de niña, iba a la antigua sede social de la empresa todos los sábados. "Estaba a cinco minutos de nuestra casa", recuerda. "De pequeña, iba allí en bicicleta para comer. Mi abuela cocinaba para todo el mundo, para nuestros clientes, para nuestros empleados. Las reuniones eran multitudinarias". En aquella época, su madre también trabajaba en la empresa. Así pues, para Guenda, mientras crecía, "la empresa familiar fue como un cuarto miembro de la familia".
Pese a esta sensación de afinidad, nunca se sintió presionada para incorporarse a Enea. "Fui una gran privilegiada", señala. "Tuve libertad para decidir a qué quería dedicarme". Optó por estudiar Derecho en la universidad y después aprobó el examen de acceso a la abogacía. Sin embargo, aunque adquirió experiencia en diversos despachos de abogados, siempre sintió un deseo visceral de incorporarse al negocio familiar. "Soy hija única, de manera que, aunque no me sentí presionada, sí que sentía la responsabilidad de al menos intentar explorar el negocio desde dentro", comenta.
Guenda finalmente se incorporó en enero, con 28 años, como jefa de Personal, un puesto con un amplio cometido, que describe como una "combinación de estratégico y operativo". Una de sus responsabilidades es apoyar a su padre y al equipo ejecutivo en la dirección de la empresa; otro de sus cometidos es tender puentes entre el equipo directivo y el resto de los empleados. Un concepto con el que se identificarán muchas empresas familiares. "A medida que una empresa crece, la dirección continúa tomando decisiones, pero esas decisiones no siempre llegan a todo su equipo humano", explica. "La comunicación se vuelva más compleja. Eso es algo que quiero mejorar".
El auténtico reto es combinar el tamaño con los valores de una empresa familiar.
Para Enzo, se ha vuelto cada vez más difícil lograr un equilibrio entre gestionar la empresa a esta nueva escala y seguir siendo creativo como diseñador. "Tenemos un equipo de arquitectos paisajistas de talento y entregado", afirma. "A medida que crece la empresa, el lado empresarial –desde las operaciones hasta la estrategia– se vuelve, como es natural, más complejo. Eso conlleva nuevos retos, pero también grandes oportunidades para que el equipo evolucione, asuma nuevas funciones, y crezca con la empresa. Creo que Guenda puede darnos su apoyo en este sentido". Al mismo tiempo, hay una nueva generación de jóvenes que se incorporan a la empresa. "Tienen un modo de pensar diferente", comenta. "Me alegra enormemente que Guenda esté conmigo, porque quiero comprenderlos mejor".
Por lo tanto, la entrada de Guenda en la empresa ha sido un soplo de aire fresco que realmente necesitaba. "Me tranquiliza que esté aquí, siento que puedo respirar más fácilmente", dice sonriendo.
El padre de Enzo, Francesco, fundó una empresa de decoración de jardines en 1973. Las antiguas macetas de terracota de esa empresa se exhiben en la sede de Enea junto a la nueva generación de maceteros contemporáneos diseñados por Enea y utilizados en proyectos de todo el mundo.
"En cierto modo, ella es mi oxígeno, y los árboles que plantamos son el oxígeno de los demás". Por otra parte, Guenda cree que su relación con su padre se ha desarrollado de formas inesperadas. "Realmente disfruto de que podamos conectar a otro nivel", comenta. "Antes siempre estaba atenta a todo lo que decía sobre la empresa durante las comidas. Pero ahora realmente puedo identificarme con ello".
Explorando funciones y responsabilidades
A veces puede ser complicado trabajar con otro miembro de la familia, señala Guenda, porque puede volverse fácilmente algo emocional y los patrones de tu relación en el ámbito personal pueden influir en el ámbito profesional. Pero, en general, su relación laboral es productiva. Enzo dedica gran parte de su tiempo a viajar por el mundo, visitando lugares de proyectos y a clientes, de manera que depende de que Guenda le ponga al día sobre cómo marchan las cosas en la sede central. "Es una relación basada en la confianza al 100%", señala Guenda.
Dado que ella se ha incorporado hace poco a la empresa y que Enzo cumplió los 60 el año pasado, todavía es prematuro plantearse la sucesión. "Mi padre sigue siendo joven y está lleno de ideas y visión", afirma Guenda. "Tengo mucho tiempo para aprender de él". Sin embargo, el objetivo que ambos comparten es un crecimiento sostenible a largo plazo para Enea, y eso significa quitarle a Enzo algunas de las cargas. Esa es otra historia, con la que se identificarán muchos propietarios de negocios familiares. "Tenemos una empresa que, de momento, todavía depende bastante de una persona", dice Guenda.
Me tranquiliza que esté aquí, siento que puedo respirar más fácilmente.
"Tenemos que decidir si podemos lograr un cambio". Está claro que tanto ella como su padre sienten que el futuro y el legado de Enea están más seguros ahora que ella se ha incorporado a la empresa.
Redefiniendo lo que significa legado
Pero también está claro que los Enea piensan en el legado de un modo bastante diferente al de la mayoría de las familias. Para entender esto bien, hay que visitar el Museo del Árbol, que Enzo abrió en 2010 junto a la sede social de la empresa en Rapperswil-Jona. Este singular museo está situado en un espacio de 7,5 hectáreas dentro de los terrenos de un antiguo convento. Aquí, los visitantes pueden pasear rodeados de árboles de 100 años que se salvaron de la tala. En los últimos años, también ha añadido al paisaje obras de arte, instalaciones y esculturas. Le atraen especialmente las obras de arte y los artistas que pueden transmitir mensajes enérgicos sobre el impacto del ser humano en el mundo natural; un tema, por supuesto, que siempre ha constituido el núcleo de su trabajo como arquitecto paisajista, en el que se esfuerza por unir la naturaleza, la arquitectura, la ecología y el arte.
"Tenemos que trabajar con y no contra la naturaleza, nuestra supervivencia depende de ello", señala Enzo. "Por ese motivo creé el Museo del Árbol, para elevar la concienciación y la sensibilización del público". Entre sus muchos logros, el Museo del Árbol es lo que Enzo considera el legado del que más se enorgullece. También es el lugar que mejor plasma aquella temprana lección que recibió de su abuelo: "Si eres bueno con la naturaleza, la naturaleza compensará tu bondad".