Cambios demográficos y avances tecnológicos: una nueva frontera para el crecimiento
Según el nuevo informe ‘Demografía y Tecnología’[HM1] publicado hoy por el Pictet Research Institute, este viraje demográfico anticipa una nueva era, caracterizada por la automatización, la inteligencia artificial (IA) y la reconfiguración de la productividad. De hecho, estos avances tecnológicos no solo son una coincidencia fortuita sino que pueden ser determinantes. Así, las economías que se suban a la ola de la automatización y la IA y lo hagan pronto y con determinación estratégica saldrán probablemente más fuertes, más resilientesy en mejor situación para crecer a largo plazo.
Maria Vassalou, PhD, Directora del Pictet Research Institute, afirma: «Las economías con poblaciones maduras se enfrentan a una disyuntiva crítica: no hacer nada y encaminarse hacia su declive, o transformarse y seguir creciendo. Por suerte, la automatización y la IA, cuya evolución llega en el momento oportuno, pueden ayudar en gran medida a contrarrestar la menor fuerza de trabajo”»
«No estamos solo ante un cambio demográfico, sino ante la redefinición de la estructura económica», ha añadido. «Los patrones de consumo cambian y la mano de obra se vuelve cada vez más escasa, de manera que los sectores que consigansacar provecho de la automatización para atender las necesidades asociadas alenvejecimiento de la población serán los que prosperen. No es un ajuste decorto plazo; es una transformación a largo plazo que conforma la manera en quese asigna el capital, mide la productividad, y en último término, se crece».
Demografía: un punto de inflexión global
Para 2050, la tasa de dependencia de las principales economías registrará un claro aumento por el envejecimiento de su población. En primera línea se encuentran Japón y China, llamadas a experimentar una drástica contracción de su población en edad de trabajar. Además, las tasas de fertilidad están en continuo descenso pese al alivio que supone la inmigración en países como Canadá y EE.UU. La tendencia global es clara: el dividendo demográfico ha terminado.
Este cambio de paradigma está influyendo en las pautas de consumo. Conforme las personas envejecen, orientan su gasto a la vivienda, salud y alimentación, sectores esenciales cada vez más susceptibles de automatizarse. En cambio, disminuye la demanda de transporte, vestido y ocio.
Automatización: la sustitución da paso a laproductividad
La tecnología está rellenando los huecos dejados por la mano de obra. En concreto, la adopción de la robótica sigue habitualmente dos fases: los robots de sustitución, que reemplazan una mano de obra escasa, y los de productividad, que aumentan la producción y eficiencia.
Japón, uno de los primeros países en sufrir presiones demográficas, ya ha pasado a la fase de productividad. Otras economías, en particular en Europa y este de Asia, siguen de forma mayoritaria en fase de sustitución, con amplio margen de mejora.
Por su parte, la IA está a punto de entrar en fase de escala. Con la culminación progresiva de la infraestructura necesaria, computación en la nube, datos etiquetados y adopción de chips GPU capaces de soportar cálculos intensivos, varias economías ya registran mejoras de productividad mediante aplicaciones pioneras en diagnóstico médico, logística y servicios financieros. Si esta adopción sigue adelante, la IA puede añadir entre 0,4% y 1,5% al crecimiento anual del PIB en las economías avanzadas para la década de 2030.
Sectores: ganadores y perdedores
Los cambios demográficos y tecnológicos en marcha no son solo económicos sino estructurales, y están reformulando la arquitectura del crecimiento global. Los inversores deben, en consecuencia, mirar más allá de tendencias cíclicas en busca de puntos de inflexión. Sectores como la vivienda, salud y producción de alimentos son claros beneficiarios de esta transformación.
Por ejemplo, la demanda de vivienda está aumentando en volumen y en complejidad a medida que el envejecimiento de la población hace necesarias tecnologías de «hogar inteligente» e infraestructuras adaptadas a la edad. La salud está evolucionando desde tratamientos reactivos a soluciones de longevidad proactivas, con oportunidades en dispositivos médicos, farmacia y tecnología para el bienestar. En la alimentación –una necesidad inelástica a los precios–, la automatización, cada vez más implantada, se refleja en mejoras de eficiencia para producción y embalaje gracias a la IA y la robótica.
De cara a los inversores, esto significa que las tradicionales clasificaciones sectoriales pueden ser insuficientes. Las carteras deben construirse en torno a temas alineados con la demanda demográfica y el potencial de la automatización. Las empresas activas en sectores que saquen partido de la IA y la robótica y atiendan las necesidades de los consumidores maduros probablemente se beneficien de un impulso de demanda y aumentos de productividad, traduciéndose en expansión de márgenes y un superior crecimiento de los beneficios. No se trata solo de potencial de crecimiento, sino de capacidad de resiliencia en una economía en cambio estructural.
Mercados con el viento a favor
Pero la mera exposición a estas tendencias no basta. La capacidad para escalar la innovación y capturar aumentos de productividad depende de un tercer factor clave: la disponibilidad de infraestructuras. Así, las economías con infraestructuras digitales robustas, una fuerza laboral altamente cualificada y políticas favorables estarán mejor situadas para convertir las dificultades demográficas en ventajas competitivas.
Para los inversores, esto significa diferenciar entre regiones geográficas, pues no todos los países se beneficiarán por igual. Por ejemplo, la temprana adopción de la automatización en Japón ha permitido la transición desde sustitución de mano de obra a mejoras de productividad; en cambio, hay zonas de Europa rezagadas debido a su escasa inversión en tecnologías facilitadoras. Esto tiene implicaciones directas para la asignación de activos. Los inversores deben priorizar regiones y empresas con capacidad institucional para absorber y escalar la IA y la automatización, lo que implica inversión en infraestructura en la nube, sistemas de datos y capacitación de la fuerza de trabajo.
También requiere ser consciente de la «curva J» de productividad de la IA: las economíasactualmente en el punto más bajo de la curva pueden ofrecer oportunidades con una productividad reforzada. La resiliencia estructural – definida como capacidad de adaptarse a los cambios demográficos y tecnológicos– se está convirtiendo en un criterio de inversión clave. Las carteras deben rotar hacia empresas y zonas geográficas que no solo tengan exposición al cambio, sino que estén capacitadas para liderarlo, con potencial de rentabilidades muy atractivas a medida que se reconfigura la economía global.
Nota a la redacción
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Pictet Research Institute
El Pictet Research Institute es un centro del Grupo dedicado a la investigación de temas con implicaciones a largo plazo para la inversión. Con sede en Ginebra y dirigido por Maria Vassalou, PhD, el Pictet Research Institute se centra en elaborar estudios sobre temas de inversión con implicaciones a largo plazo, incluyendo asignación estratégica de activos, construcción de carteras, primas de riesgo, estructuras de mercados de capitales, tendencias económicas y de inversión globales, así como sostenibilidad.
Estudios anteriores publicados por el Pictet Research Institute:
The critical role of US debt sustainability in the world financial architecture