Cómo dirigir una empresa familiar durante 25 generaciones
Un legado familiar que se remonta al siglo XV
Incluso comparada con las empresas europeas más veteranas, la familia Mazzei tiene una larga historia en el negocio vitivinícola en la Toscana. Francesco Mazzei, una de las cabezas visibles de la familia, representa la 24ª generación desde que empezaron a elaborar vino en 1435. Sus sobrinos, Lapo y Giovanni, actualmente también en la empresa, son la 25ª.
Pero continuidad está lejos de implicar complacencia. El padre de Francesco, Lapo, modernizó las operaciones, y cuando Francesco y su hermano Filippo asumieron las riendas del negocio a finales de la década de 1980, reconvirtieron lo que básicamente era una explotación vinícola local de una aldea al sur de Florencia en una empresa gestionada profesionalmente. Introdujeron vinos «premium» con precios más altos de lo que nunca habían producido, y expandieron su alcance tanto nacional como internacional.
«Es cierto que no fue simplemente tomar el timón de la empresa familiar; dimos un cambio de rumbo», dice Francesco.
Francesco dice que el relevo que protagonizaron él y su hermano fue atípico en las empresas familiares: «Mi padre tenía otros negocios y no podía ocuparse de desarrollar este, por lo que nos preguntó a mi hermano y a mí si queríamos encargarnos de él.
Los hermanos Francesco y Filippo Mazzei. Crédito: Mazzei
«Así que empezamos a organizar la empresa, a contratar personal, a plantar más viñedos, a expandirlo y convertirlo en un negocio totalmente nuevo». Mazzei pasó de «una explotación agrícola a un negocio vinícola… desarrollamos y reforzamos la marca, y encontramos puntos de distribución en todo el mundo».
De la Toscana al mundo: el imperio vinícola de Mazzei
Mazzei cuenta hoy en día con tres bodegas en Italia, así como con un restaurante y un alojamiento turístico en su región primigenia, Fonterutoli, en las colinas toscanas –a 45 minutos de Florencia– y tiene planes de abrir restaurantes en Brasil e incluso Japón.
Aunque Francesco y Filippo llevan ahora las riendas del negocio, su generación comprende cuatro hermanos, todos ellos miembros del consejo de dirección, y tienen en conjunto 11 hijos. Dos trabajan activamente en el negocio: Giovanni, hijo de Filippo, es responsable de exportación y Lapo, hijo de Iacopo, se encarga de la parte relacionada con el consumidor.
¿Cómo decide una familia en su 24ª generación cuál de sus hijos dirigirá la empresa en la 25ª generación? «Lo más importante es hablar con todos, no dar por sentado que solo por ser hijos nuestros querrán implicarse», dice Francesco. «Tienen que tener la pasión, y también las capacidades para hacerlo».
La amplia bodega del Castello di Fonterutoli tiene 15 metros de profundidad y alberga más de 3000 barricas de roble. La temperatura y la humedad se controlan de forma natural mediante cinco corrientes de agua que fluyen a través de las paredes. Crédito: Mazzei
Al igual que en muchas empresas familiares, aclara, se espera que los hijos que pretendan trabajar en la empresa adquieran experiencia laboral fuera de ella, «donde no seas el hijo del propietario. Has de demostrar tu valía en una organización [externa] en la que tu superior jerárquico es otro».
Cuando tanto Giovanni como Lapo empezaron a trabajar en Mazzei, lo hicieron en ventas, «siendo este un negocio impulsado por las relaciones», antes de especializarse en los departamentos que ahora dirigen. Quedó claro, dice, que ambos poseían habilidades diferentes: Giovanni destaca por su «olfato para las oportunidades» y la capacidad para materializarlas, y Lapo se ocupa del área digital, los eventos y la hospitalidad.
Equilibrando tradición y profesionalización en el negocio familiar
Al ser preguntado qué consejo le daría a una empresa familiar, Francesco destaca la importancia de la profesionalización, tanto en lo que respecta a las operaciones como a la estructura del capital. «En una familia hay relaciones, hay amor, hay estructuras». En una empresa, esas estructuras son diferentes. Por ejemplo, prosigue, un hermano de mayor edad podría tomar decisiones en nombre de la familia, pero quizá no sea el más apto para tomar decisiones para el negocio.
A medida que la titularidad del capital pasa de manos y recae en generaciones posteriores, con la llegada de los primos a la propiedad de la empresa familiar, recomienda a efectos profesionales pensar en ellos no como miembros de la familia, sino como accionistas.
Francesco, de 66 años, señala que él y Filippo ya han insinuado a sus hijos que irán cediéndoles progresivamente la responsabilidad durante los próximos dos o tres años. Esto empezará con cargos formales en el consejo de administración, tras lo cual se plantearán si les entregan las riendas de la empresa – «o si hay necesidad de que alguien distinto vaya abriéndoles camino hasta que lleguen a ese puesto de máxima responsabilidad. Lo veremos».
Lapo dice que siente la responsabilidad de transmitir el «espíritu emprendedor de 25 generaciones» para asegurar que continúe vigente por mucho tiempo. También es consciente de la necesidad de innovar, de tener en cuenta los cambios tanto en la naturaleza como en los mercados. «En una era marcada por el cambio climático, por la revolución tecnológica y nuevos hábitos de consumo, no moverse supone perder el tren: estamos en un momento complejo a la par que rico en oportunidades, y lo afrontamos con valentía y visión».
La innovación y la adaptabilidad son dos señas de identidad de una familia que lleva elaborando vino para Florencia, y más allá, desde antes de la época de Miguel Ángel.
Hitos principales
La finca Fonterutoli pasa a formar parte de las posesiones de Mazzei.
La finca Mazzei aún se dedica a la agricultura mixta, no solo la viticultura.
La estrategia vira para enfocarse en la elaboración de vino, abandonando gradualmente otras cosechas.
La dirección de la empresa pasa de la 23ª generación a la 24ª.
El vino «premium» Siepi, hoy en día uno de los más cotizados en Italia, da su primera añada.
La familia Mazzei adquiere la finca Belguardo en Maremma (Toscana).
Una tercera propiedad, Zisola (Sicilia), es adquirida por la familia.
Los Mazzei adquieren el viñedo Il Caggio, donde un miembro de la 25ª generación está al mando del proyecto para elaborar el mejor Chianti Classico.
Abre el restaurante Osteria di Fonterutoli en Castello di Fonterutoli.
Se terminan de construir y entran en funcionamiento las nuevas instalaciones modernas de Fonterutoli.
Dos miembros de la 25ª generación asumen puestos ejecutivos en la empresa.