Inversión en la salud femenina: reducir la brecha

De la deficiencia de datos a la innovación en la inversión

Entre los muchos dolores de cabeza que sufren las autoridades sanitarias globales, uno es más literal que los demás: la migraña. La migraña es un mal que afecta a las mujeres tres veces más que a los hombres, y, sin embargo, un estudio ha demostrado que tan solo un 4% de los ensayos clínicos sobre la migraña ofrece resultados que diferencien el impacto entre géneros.

Resumen

La disparidad histórica en la investigación médica y la financiación ha dejado una brecha significativa en la atención a la salud femenina, con mujeres que experimentan frecuentemente retrasos en los diagnósticos y tratamientos menos efectivos. Pese a los claros beneficios económicos de la inversión, la salud femenina recibe solo una pequeña parte de la financiación para innovación sanitaria en comparación con males que afecten a los hombres. El panorama de la inversión está cambiando ahora, desde aplicaciones destinadas al estilo de vida hacia las ciencias duras, las intervenciones biológicas y modelos de prestación de atención médica escalables. Al abordar estos déficits en datos e investigación, el private equity puede desempeñar un papel esencial en la reducción de la desigualdad sanitaria y generar al mismo tiempo beneficios sociales y económicos significativos.

Principales conclusiones
Inversión en la salud femenina
  • Abordando el déficit en investigación y financiación
    La exclusión histórica de la mujer en los ensayos clínicos ha producido una brecha de datos que da lugar a resultados médicos menos efectivos. Redirigir la inversión a afecciones específicas de la mujer, aparte de la oncología, es esencial para cerrar la brecha sanitaria y aprovechar un significativo crecimiento económico inexplorado.
  • La transición a la innovación biológica
    La inversión está evolucionando, de orientarse a simples aplicaciones de seguimiento a biotecnologías complejas, como los conjugados de fármacos y anticuerpos y las inmunoterapias microbianas. Estos avances científicos abordan los factores biológicos subyacentes de afecciones como el cáncer de ovarios y la infertilidad, en lugar se limitarse a gestionar los síntomas.
  • Dimensionar la atención por medio de plataformas integradas
    La maduración del sector de soluciones tecnológicas orientadas a la mujer (fem-tech) y su paso a proveedores clínicos virtuales en primer lugar contribuye a superar unas redes de atención fragmentadas y escasez de especialistas. Estas plataformas, basadas en datos, proporcionan vías personalizadas desde los síntomas al tratamiento, mejorando el acceso a la asistencia con independencia de la zona geográfica.

Abordar el déficit de datos en la salud femenina

Esto es tan solo una ventanilla, pequeña pero ilustrativa, a un panorama mucho más amplio: la disparidad en la investigación sanitaria, la financiación y en última instancia los productos para los hombres y las mujeres. La población femenina mundial pasa ahora con mala salud un 25% más de su vida que la población masculina, según el Foro Económico Mundial y el McKinsey Health Institute. Esta brecha le cuesta a la economía global el equivalente a 75 millones de años sanos perdidos anualmente, recayendo esta carga sobre todo en los mejores años de la vida laboral de la mujer, entre los 20 y los 60.

Estamos viendo empresas privadas que ayudan a cerrar la brecha en la prestación de atención relativa a la salud femenina: abordando los retrasos diagnósticos, redes de proveedores fragmentadas, y falta de analistas clínicos especializados que provocan daños muy graves.
— Yann Mauron, Principal Thematics, Pictet Alternative Advisors

Pese a ello, solo un 1% de la inversión en investigación e innovación se dirige a afecciones específicas de la mujer, aparte de la oncología, aunque otras como la endometriosis, la menopausia y el síndrome premenstrual severo representen un 14% de la brecha en materia de salud de la mujer. Para contextualizar, la diabetes representa un 2% de la brecha, pero recibe un 12,5% de la financiación total. En conjunto, todo esto significa retrasos en los diagnósticos –las mujeres son diagnosticadas, por término medio, cuatro años después que los hombres para las mismas enfermedades– y tratamientos que funcionan menos eficazmente para ellas.

La salud reproductiva está beneficiándose asimismo de auténticos avances científicos, y hay varias empresas privadas europeas que están avanzando más allá de mejoras en procesos de FIV para descubrir técnicas destinadas a mejorar la fertilidad biológica.

El motivo de la brecha no es económico: se calcula que cada dólar invertido en salud femenina genera un crecimiento económico de tres dólares. Así pues, ¿por qué existe la desigualdad? Una causa clara es sencillamente la falta de datos. Históricamente, la investigación médica se centraba como norma por defecto en el "varón medio", excluyendo sistemáticamente a las mujeres de los ensayos clínicos hasta principios de los años 90, y por lo tanto muchos fármacos se configuraron en función de la fisiología masculina. Por ejemplo, los inhaladores combinados para el asma se comportan un 20% peor en mujeres. Incluso en la actualidad, las mujeres continúan infrarrepresentadas en estudios de males que les afectan de forma desproporcionada, como la enfermedad cardiovascular y los trastornos autoinmunes. Cuando las mujeres están incluidas, rara vez se analizan los resultados por sexo, como se ha visto en el ejemplo de la migraña.

El papel del private equity en la salud femenina

La brecha de datos se convierte en una brecha de investigación e innovación: pero es aquí donde nosotros, como inversores en private equity, podemos marcar la diferencia, destinando dinero directamente a empresas dedicadas a las necesidades de la mujer. Conviene observar que el panorama de inversión para la salud femenina está transformándose, pasando de centrarse en inquietudes sobre el "estilo de vida" a impulsar más ciencias duras en biotecnología, productos farmacéuticos y dispositivos médicos.

Considerando primero la biotecnología y las farmacéuticas, los inversores se interesan cada vez más por afecciones exclusivas de la biología femenina y, además, están moviéndose de la gestión de los síntomas a la intervención biológica. La oleada de ciencias duras es visible al máximo en oncología, donde innovaciones como los conjugados de fármacos y anticuerpos (ADC por sus siglas en inglés) –una forma de quimioterapia más selectiva dirigida con más precisión a los tumores, al unirse a células cancerosas y después liberar su carga citotóxica desde dentro de dichas células– y la inmunooncología están redefiniendo las normas de asistencia. La empresa danesa Genmab, por ejemplo, ha desarrollado un potencial ADC superventas para una forma resistente de cáncer de ovario.

La salud reproductiva está beneficiándose asimismo de auténticos avances científicos, y hay varias empresas privadas europeas que están avanzando más allá de mejoras en procesos de FIV para descubrir técnicas destinadas a mejorar la fertilidad biológica. Freya Biosciences, también con sede en Dinamarca, está desarrollando inmunoterapias microbiológicas que tratan impulsores inmunológicos de infertilidad en las mujeres. La española Oxolife está trabajando en un fármaco no hormonal diseñado para mejorar las tasas de implantación de embriones, abordando un punto de fallo crítico en la reproducción asistida.

Como inversores en private equity, creemos que las mayores oportunidades se encuentran en la intersección de la innovación biológica y la prestación de atención médica escalable.
— Yann Mauron, Principal Thematics, Pictet Alternative Advisors

Junto a este progreso en la investigación científica, estamos viendo empresas privadas que ayudan a cerrar la brecha en la prestación de atención relativa a la salud femenina: abordando los retrasos diagnósticos, redes de proveedores fragmentadas, y falta de analistas clínicos especializados que provocan daños muy graves.

Por ejemplo, el sector fem-tech está madurando, pasando de simples aplicaciones de seguimiento a proveedores clínicos virtuales en primera instancia. Estas plataformas abordan la brecha de acceso al desvincular la atención especializada del área geográfica, ofreciendo un apoyo más integral para afecciones complejas que suelen pasar por alto los médicos generalistas. De hecho, Flo Health –una empresa valorada en más de 1.000 millones de dólares– se convirtió en el primer unicornio fem-tech de Europa tras conseguir una gran inversión proveniente del private equity. La evolución de Flo de seguidor pasivo a superaplicación sanitaria proactiva, que ofrece información personalizada y vías "síntoma a doctor" más claras para las mujeres, demuestra la escalabilidad de la interacción con las usuarias basada en datos.

Retos y oportunidades de la inversión en la salud femenina

Pero, a pesar de esta promesa, los inversores de este segmento también deben considerar los riesgos. Las empresas de salud femenina en el sector biofarmacéutico han experimentado históricamente un descuento en valoración medio del 41% en las fases iniciales y del 52% en fases avanzadas en comparación con el sector de atención sanitaria en general. La fricción con las aseguradoras de salud es un motivo de inquietud creciente, a medida que los contribuyentes se vuelven recelosos a adoptar soluciones digitales independientes. Los obstáculos de la regulación, particularmente para tratamientos novedosos, crean resultados binarios de éxito/fracaso vinculados a los procesos de aprobación. También representan retos las limitaciones del talento, especialmente en endocrinología reproductiva.

Como inversores en private equity, creemos que las mayores oportunidades se encuentran en la intersección de la innovación biológica y la prestación de atención médica escalable. Esto cubre áreas como la terapéutica de la menopausia, diagnósticos de endometriosis, avances oncológicos y modelos de fertilidad híbridos. Estas inversiones ofrecen no solo un atractivo potencial financiero, sino también la rara oportunidad de reducir una desigualdad sanitaria histórica y con ello generar beneficios sociales y económicos significativos.

Considérese esto: entre 2019 y 2023, startups dedicadas a la disfunción eréctil captaron inversiones por más de 1.000 millones de dólares, mientras que empresas dedicadas a la endometriosis –que están intentando aliviar un trastorno que afecta a una de cada diez mujeres en edad reproductiva– recibieron tan solo 44 millones de dólares. Si la inversión puede resolver un aspecto, no debería de ser tan difícil que resuelva el otro.

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