Cómo están transformando las mujeres la filantropía
Resumen ejecutivo
La proporción de la riqueza global en manos de mujeres crece a un ritmo sin precedentes, lo que tiene su reflejo en un cambio del panorama filantrópíco, no tan centrado en las donaciones tradicionales enfocadas a las instituciones. Mediante este giro, la prioridad es abordar las verdaderas causas de fondo de los problemas sociales mediante estrategias colaborativas, basadas en la confianza y tolerantes al riesgo. Combinando no solo recursos financieros sino también capital social y simbólico, las mujeres están volcándose en cuestiones desatendidas y que demandan una mayor asunción de responsabilidad a largo plazo. Esta evolución representa un cambio de paradigma, orientado no a dejar un legado personal sino a impulsar una transformación social genuina y escalable.
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Atención sobre las causas sistémicas de fondoLas mujeres están desplazando el foco filantrópico desde el tradicional desarrollo de instituciones para centrarlo en abordar las condiciones subyacentes que propician la aparición de problemas sociales.
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Adopción de colaboración basada en la confianzaLos nuevos modelos de donación priorizan la financiación sin restricciones y las alianzas entre sectores, empoderando a los receptores de los fondos a través de procedimientos menos burocráticos y una toma de decisiones compartida.
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Integración estratégica de capital diversoMás allá de las donaciones directas a instituciones benéficas, las mujeres están aplicando cada vez más la inversión de impacto, el activismo y las redes profesionales para asegurar que su patrimonio total está alineado con sus valores.
Enfoques filantrópicos de las mujeres
La mayor capacidad de decisión que otorga el patrimonio está permitiendo a las mujeres recolocar el foco de la filantropía desde el legado personal y la simple atención de los síntomas de los problemas sociales, en favor de la solución de las raíces de fondo a través de estrategias audaces e innovadoras. Hoy en día, las conversaciones sobre filantropía rara vez se limitan a cuestiones superficiales. Ahondan en temas sobre poder, sistemas y horizontes temporales. Se plantean las preguntas sustanciales: ¿qué haría falta para cambiar las condiciones que dan pie a este problema?
El auténtico cambio duradero es resultado de trabajar conjunta y transversalmente entre sectores y generaciones, con todas las herramientas y todo el capital a nuestro alcance para construir un futuro más sostenible e inclusivo.
Este enfoque supone un notable giro desde las tendencias imperantes en el pasado, cuando el centro de gravedad filantrópico solía recaer en instituciones consolidadas: grandes programas, grandes eventos, grandes edificios y grandes receptores de prestigio. Por supuesto, había excepciones. Pero la postura por defecto era tender a la prudencia: financiar lo contrastado, evitar la controversia, mantenerse alejado de la política y medir el éxito por el tono aséptico del reporte de resultados. Sin embargo, en décadas recientes, un creciente número de filántropos —en particular, mujeres— han empezado a cuestionar estas convenciones, proponiendo enfoques más ambiciosos, sistémicos, colaborativos y tolerantes al riesgo.
“Creemos que el auténtico cambio duradero es resultado de trabajar conjunta y transversalmente entre sectores y generaciones, con todas las herramientas y todo el capital (no solo financiero sino también social, cultural y simbólico) a nuestro alcance para construir un futuro más sostenible e inclusivo”, dice Maria Ahlström-Bondestam, destacada impulsora de las colaboraciones filantrópicas y una de las líderes con las que hemos tenido oportunidad de conversar durante la preparación del estudio de próxima publicación sobre filantropía y mujeres.
De la creación de patrimonio al impacto social
El cambio de énfasis está viéndose favorecido por la creciente proporción de las mujeres en la riqueza global. Las mujeres están creando un patrimonio para sí mismas a un ritmo más veloz que en cualquier época anterior. Hay más mujeres que nunca ascendiendo en la escala empresarial, y más mujeres que entran en el mundo de la empresa para lanzar negocios de éxito.
El cambio social duradero demanda una combinación estratégica de capital que abarque desde filantropía e inversiones catalizadoras hasta redes de contactos y alianzas.
Entre 2018 y 2023, el patrimonio de las mujeres aumentó en un 51%, frente a un incremento del 43% a escala mundial. Esto está contribuyendo a replantear el debate, colocando el foco en las preguntas complicadas acerca de las causas de fondo de los problemas sociales y teniendo la paciencia —y la valentía— necesaria para financiar la respuesta, ya sea a través de donaciones o de alternativas basadas en el mercado.
"Creemos que el cambio social duradero demanda una combinación estratégica de capital que abarque desde filantropía e inversiones catalizadoras hasta redes de contactos y alianzas. Alineando estos recursos en torno a las experiencias vitales de la gente más cercana a los problemas, podemos abordar las causas raíz en lugar de los síntomas transitorios y construir soluciones escalables con impacto a largo plazo", afirma Annika Sten Pärson, cofundadora de la Inner Foundation, con quien también conversamos durante la preparación del estudio sobre filantropía y mujeres.
Hay cada vez más mujeres en la primera línea de la filantropía, no solo participando en su evolución, sino acelerándola y redefiniéndola. Ahora, cuando pensamos en los nombres más influyentes en la filantropía global, son mujeres —como MacKenzie Scott y Melinda French Gates— quienes simbolizan esta nueva era. Sus planteamientos se han convertido en piedra angular para un movimiento másamplio.
Un dato elocuente es que, tomando la lista más reciente de Forbes de principales filántropos de EE.UU., el 46% son mujeres —otra prueba más de este giro tanto en visibilidad como en influencia—.
El atrevimiento en materia filantrópica de Scott, basado en la confianza —generosas donaciones sin restricciones y con mínima burocracia—, ha revolucionado la manera tradicional de entender las subvenciones, y dado a otros donantes “permiso” para actuar con una velocidad y confianza similares. Melinda French Gates ha convertido el empoderamiento de mujeres y chicas no en una causa nicho, sino en una palanca para la transformación de la sociedad, expresado en una frase lapidaria: “Si quieres elevar al conjunto de la humanidad, empodera a las mujeres”.
Las mujeres citadas no son casos marginales; actualmente son los puntos de referencia para quien pretenda llevar a cabo una filantropía ambiciosa y estratégica. Un dato elocuente es que, tomando la lista más reciente de Forbes de principales filántropos de EE.UU., el 46% son mujeres —otra prueba más de este giro tanto en visibilidad como en influencia—.
Compromiso de las mujeres con la filantropía sistémica
Hoy en día, el análisis de la Lily School of philanthropy sugiere que las filántropas dedican más tiempo a comprender plenamente los problemas, apuestan por un esquema colaborativo en las donaciones, buscan mayor proximidad y están más abiertas a financiar la solución de las causas de fondo de los problemas sociales. Las cuestiones que están planteando tienen mucho que ver con impacto, justicia y poder compartido. También parecen más inclinadas a centrarse en problemas largamente desatendidos —por ej. la salud mental, la violencia de género, la dignidad y la inclusión— y a hacerlo poniendo el foco en un cambio sistémico a largo plazo. Durante la última década, las mujeres han ocupado posiciones centrales en redefinir cómo usar el patrimonio para hacer el bien.
Cuando las mujeres reconocen cómo utilizar su patrimonio para impulsar el cambio y definir su propio legado, liberan un potencial de impacto extraordinario.
Tienden a ver la riqueza como una herramienta de cambio social, alineando sus decisiones financieras con sus valores y utilizando todas las palancas —donaciones, inversiones, redes e influencia— para generar impacto. Más allá de apoyar con donaciones directas, están sacando partido a sus recursos mediante la inversión de impacto, el activismo, elemprendimiento y la innovación social.
En última instancia, las mujeres están replanteando la manera de entender la filantropía: de legado a asunción de responsabilidad, de aventura individual a colaboración, y de asuntos “seguros” a aquellos que han sido ignorados durante demasiado tiempo. No se están limitando a preguntar cuál puede ser su aportación, sino qué se necesita cambiar —y cómo conseguir ese cambio de forma sopesada, concienzuda y audaz—.
“Cuando las mujeres reconocen cómo utilizar su patrimonio para impulsar el cambio y definir su propio legado, liberan un potencial de impacto extraordinario”, dice Anouk Hilti, fundadora de Assarée y de la iniciativa Female Wealth Owners: Empowerment for Impact. “La cuestión no es solo económica —abarca también la utilización de cada una de las palancas a nuestro alcance como propietarias de patrimonios, miembros de una familia y profesionales en aras a lograr un impacto social y medioambiental significativo”.