Capeando la volatilidad de las divisas
El primer trimestre de 2026 puso de relieve lo impredecibles que pueden ser los mercados de divisas y metales preciosos. Los choques geopolíticos, las cambiantes expectativas en cuanto a política de los bancos centrales y el viraje de los fundamentales económicos han contribuido, en su conjunto, a acusadas fluctuaciones de los precios y una mayor incertidumbre.
En esta coyuntura, conviene ver más allá de los titulares diarios y centrarse en las tendencias más profundas que configuran los resultados a largo plazo.
Desdolarización
El dólar estadounidense sigue siendo central para las finanzas globales, pero su dominancia está viéndose puesta a prueba. En los últimos meses, el dólar ha subido, respaldado por precios de la energía más elevados y por la posición de EE.UU. como exportador neto de energía. Esto ha proporcionado soporte a corto plazo, especialmente porque los inversores buscaban seguridad durante acontecimientos como el conflicto en Irán. Sin embargo, bajo esta fortaleza en la superficie, hay retos estructurales difíciles de ignorar.
Índice del tipo de cambio efectivo real del USD
Fuente: Pictet Wealth Management, Bloomberg L.P., a 31.03.2026
Las inquietudes sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas de EE.UU. están aumentando. Los costes de los conflictos en curso y el aumento de los déficits probablemente influirán en el presupuesto de EE.UU., mientras que se espera que la postura de la Reserva Federal sea más acomodaticia que la de otros bancos centrales.
La demanda de USD sigue siendo fuerte por ahora, pero estas cuestiones subyacentes podrían limitar su fortaleza a lo largo del tiempo.
El excepcionalismo de EE. UU. ha sido el mantra durante décadas.
¿Qué pasaría si deja de mantenerse este equilibrio virtuoso?
Fuente: Pictet Wealth Management, Bloomberg Finance L.P., a 28.04.2026
El alejamiento del dólar – donde buscan los países y las instituciones alternativas para sus reservas y operaciones – está afianzándose. Los bancos centrales, especialmente en los mercados emergentes, están diversificando sus reservas, y la conversación global está cambiando hacia un sistema de divisas más multipolar. Los datos recientes reflejan esta tendencia. El índice USD (DXY) cayó a un mínimo de casi cuatro años este año.
Si bien ha habido alguna breve recuperación, la tendencia general ha sido de depreciación gradual. El nombramiento de un nuevo presidente de la Fed y las incertidumbres legales en torno a la política comercial estadounidense han contribuido a la impredecibilidad. Para los inversores, esto significa que, aunque los activos denominados en dólares todavía pueden ofrecer resiliencia durante períodos de tensión aguda, cada vez es más importante un enfoque disciplinado de las coberturas y la diversificación.
Choques energéticos y realineamiento de las monedas
El conflicto en Irán se ha vuelto un acontecimiento decisivo para los mercados de divisas en 2026. El resultado inmediato ha sido un pronunciado y sostenido aumento de los precios de la energía, lo que ha complicado las previsiones de crecimiento e inflación. La atención del mercado ha pasado de la política fiscal y monetaria al impacto de los precios más elevados de la energía en las diferentes regiones.
Los países exportadores netos de energía – como EE.UU., Australia y Canadá – han visto en general que sus divisas se mantenían firmes o se fortalecían, pues sus posiciones comerciales han mejorado. En cambio, los importadores netos de energía, entre ellos la zona euro, el Reino Unido, Suecia y Japón, se han enfrentado a una renovada presión bajista sobre sus monedas. Por ejemplo, el euro se debilitó frente al USD mientras el precio del gas natural en el mercado TTF holandés aumentaba casi un 60% en respuesta a la guerra en Irán, haciéndose eco de la reacción del euro durante el conflicto de Ucrania en 2022.
Esta divergencia es visible asimismo en las expectativas sobre políticas de los bancos centrales. Los mercados de swaps han descontado posibles subidas de tipos en muchos de los bancos centrales del G10, reflejando el impacto inflacionista del coste más alto de la energía. Pero la mayoría de los bancos centrales están adoptando un enfoque más cauteloso, basado en datos, y siguen sensibles a los acontecimientos geopolíticos. La Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra han indicado que los posibles cambios de políticas dependerán de cómo evolucionen la inflación y los riesgos globales.
Los flujos a refugios también han configurado el panorama. El dólar estadounidense y el franco suizo se han beneficiado de una mayor aversión al riesgo, mientras que la condición tradicional de refugio del yen japonés se ha visto atenuada por la cautela de la política interior y la dependencia de Japón de energía importada.
Disciplina y diversificación
Los períodos de más volatilidad e incertidumbre pueden ser agobiantes. Pero la historia demuestra que un enfoque disciplinado, diversificado y a largo plazo de la exposición a divisas es la manera más efectiva de aportar resiliencia a una cartera.
Al centrarse en tendencias subyacentes – como el cambiante papel del USD, el impacto de los choques energéticos y el valor de los metales preciosos como refugio – los inversores pueden afrontar las turbulencias a corto plazo con mayor confianza. Mantener un marco claro, revisar periódicamente las exposiciones y buscar una diversificación prudente contribuirá a la solidez de las carteras, con independencia de los titulares de prensa.