¿Dominará China la IA como domina los coches eléctricos?
Ahora mismo, existe la posibilidad real de un «desacoplamiento digital» entre EE.UU. y China, con sus respectivos aliados tomando partido por uno de los dos ecosistemas paralelos de IA. Dicho desdoblamiento podría desincentivar la innovación global al obstruir la colaboración. Un horizonte alternativo sería que EE.UU. mantenga el statu quo actual y conserve su liderazgo en hardware avanzado y modelos de nueva generación, mientras China se mantiene, de momento, en segunda posición. Esto, casi seguro, generaría un hervidero de tensiones entre las dos potencias. Un tercer escenario al que asignamos menor probabilidad, aunque con repercusiones geopolíticas potencialmente mayúsculas, sería que China pasase a la primera posición, lo que conduciría a desbancar a EE.UU. de la preeminencia en materia de IA. Y no es ni mucho menos imposible, viendo la determinación con la que Pekín ha adoptado la IA, incluidos sus esfuerzos por crear una industria de chips nacional.
El ejemplo de la plataforma de alojamiento Airbnb al adoptar agresivamente los modelos de IA Qwen de Alibaba para sus operaciones de atención al cliente demuestra que China está cómodamente a la par, si no un pie por delante, de la competencia occidental. Y hay otra lección a extraer del desarrollo de China en el campo de las tecnologías de energía limpia. Al asumir tempranamente la transición energética como una prioridad de su gobierno, China se ha labrado un liderazgo incontestable en casi cada segmento de esa cadena de valor. Hoy en día, China fabrica cerca del 80% de los paneles solares mundiales y es también líder mundial en fabricación de turbinas eólicas. Es además responsable de casi el 70% de todos los vehículos eléctricos (VE) producidos en el mundo y cuenta con seis de los 10 primeros fabricantes de baterías mundiales. Occidente se arriesga a quedar aún más rezagado en la carrera por la electrificación si relaja sus esfuerzos o si no pone en marcha las políticas industriales apropiadas.
El gran desacoplamiento digital
Cuando la «start-up» de IA china DeepSeek lanzó en enero de 2025 un modelo de lenguaje de gran tamaño (LLM) de rendimiento comparable al de su rival estadounidense OpenAI pero con un coste y un poder de computación mucho más bajos, no solo dio el pistoletazo de salida a las hostilidades entre EE.UU. y China para hacerse con la supremacía en IA. Alumbró un nuevo mundo que sitúa a los gobiernos ante disyuntivas que moldearán su independencia tecnológica, sus alianzas políticas y su futuro económico.
En el fondo de este cambiante panorama late una cuestión de recursos. Desde antiguo, el enfoque estadounidense se ha caracterizado por una ingente inversión de capital. Los principales laboratorios estadounidenses están invirtiendo rutinariamente más de 100 millones de USD en entrenar sus modelos de IA. DeepSeek alteró radicalmente el paradigma, invirtiendo menos de una décima parte de dicho coste en desarrollar su potente modelo V3 gracias a la utilización de técnicas innovadoras y arquitecturas de computación novedosas.
El ritmo de competencia se ha vuelto frenético. Y, de momento, EE.UU. conserva ventaja, gracias a su mejor hardware. Sabedores de lo dependiente que es China de su tecnología, EE.UU. ha impuesto rigurosos controles a la exportación de chips de semiconductores avanzados, imprescindibles para el desarrollo de la IA.
Este movimiento, que pretendía ralentizar el progreso de China, provocó en cambio que el gigante asiático pisara el acelerador para lograr la autosuficiencia tecnológica. China ha respondido con celeridad y determinación, y uno de sus gigantes tecnológicos está revelándose como un formidable competidor de los diseñadores de chips estadounidenses. EE.UU., por su parte, está reforzando su propia cadena de suministro.
Y aunque China continúa rezagada en lo que a fabricación de los chips más avanzados se refiere, las empresas chinas han buscado caminos alternativos, desde el alquiler de centros de datos offshore hasta el acaparamiento, dejando clara su obstinación en recortar la distancia por los medios que sean necesarios.
Fotografía: Luca Locatelli
La nueva fiebre del oro: una oportunidad económica
A medida que el coste de los modelos fundacionales de IA se desploma, la oportunidad económica real está desplazándose a la capa de la aplicación o, dicho de otro modo, al uso que en la práctica se hace de esta potente tecnología. Esto ha liberado un torrente de innovación en sectores tan dispares como la salud o las manufacturas, pasando por la tecnología de consumo y los servicios gubernamentales. China ha demostrado especial ímpetu en promover la adopción generalizada. Un estudio de 2023 reveló que el 43% de las inversiones de capital riesgo para IA en China se dirigieron hacia el sector manufacturero, frente a solo un 3 por ciento en EE.UU. Otro informe concluyó que el 50 por ciento de todas las empresas chinas estaban utilizando activamente la IA, frente a solo una tercera parte de sus homólogas estadounidenses. Esta rápida integración, espoleada por unos costes más bajos y una base de consumidores predispuestos, podría traducirse en un considerable boom de productividad nacional. Las «start-ups» chinas están ya adaptando sus modelos de negocio, utilizando potentes modelos de código abierto y bajo coste para crear soluciones a medida sin la carga de grandes desembolsos iniciales en entrenamiento.
Un estudio de caso: el vehículo eléctrico (VE)
El dominio de China en electrificación —particularmente en los vehículos eléctricos— es ilustrativo de la forma en la que podría aproximarse a la IA. En aquel campo, también partía desde una posición de desventaja tecnológica, pero dio pasos agigantados mediante inversiones masivas, no solo en la fabricación de los vehículos propiamente dichos sino también en tecnología de baterías.
De todos los coches nuevos vendidos en el mundo en 2024, más del 20% fueron eléctricos, con China manteniendo su liderazgo. Las ventas chinas superaron los 11 millones de coches, más que los que se vendieron en todo el mundo solo dos años antes.
Fuente: National Science Board, indicadores de ciencias e ingenierías
El rápido aumento de las ventas de coches eléctricos en los últimos cinco años ha impactado significativamente en el parque global de vehículos. Entre 2021 y final de 2024, el parque global de VE se triplicó hasta las casi 58 millones de unidades, representando cerca del 4% de todos los vehículos de pasajeros y ahorrando en dicho proceso más de 1 millón de barriles de petróleo diarios. La distribución, sin embargo, muestra disparidad: en China, uno de cada 10 coches es eléctrico, mientras que en Europa dicho ratio es de 1 de cada 20 – algo en gran parte explicado por la pericia manufacturera china. En 2024 China fue el origen de más del 70% de la producción global de VE.
Construyendo una batería mejor
Uno de los mayores obstáculos para la adopción de los VE reside en la llamada «ansiedad del conductor» o el temor a quedarse sin energía en mitad de su trayecto. Normalmente, este es un problema que afecta más a los vehículos más pequeños y de menor coste, donde la autonomía de la batería se sitúa en torno a los 150 km, y no tanto a los de mayor tamaño, donde lo habitual son rangos de 500 km o más.
De nuevo, China se ha situado en primera línea de la tecnología y fabricación de baterías. Los científicos chinos no solo han logrado ganancias incrementales a partir de las baterías de iones de litio con electrolitos líquidos existentes, sino que están aventurándose en territorios desconocidos como las tecnologías de estado sólido que prometen un salto cuántico en la densidad energética. Al mismo tiempo, los fabricantes chinos han desarrollado puntos de recarga superrápida que pueden competir con las gasolineras en cómo de deprisa se pueden cargar las baterías de los vehículos.
La IA es sin lugar a dudas una tecnología revolucionaria. Hasta ahora, EE.UU. ha dominado, pero su liderazgo no está asegurado. China está presentando una dura batalla. Tampoco debería darse por inmutable el statu quo por el hecho de que China siga teniendo terreno por recuperar –y afrontando considerables trabas como restricciones estadounidenses a las importaciones de los últimos chips y tecnologías de fabricación más avanzadas–. Hace no tanto tiempo, China no era nadie en el campo de los VE y las tecnologías de baterías. Si sigue la misma trayectoria en la IA, tiene el potencial de configurar el mundo a su imagen y semejanza.
Los autores
Alexandre Tavazzi, Senior Strategic Asset Allocation Adviser
Alexandre Tavazzi se incorporó a Pictet en 1997 como analista de renta variable senior, cubriendo el mercado japonés y cogestionando el fondo de renta variable japonesa. Antes de Pictet, Alexandre trabajó para Wako Finance y Lehman Brothers, y ejerció tres años en Ferrier Lullin como analista de renta variable senior y gestor de fondos en el mercado japonés. Cuenta con una licenciatura de la Universidad de Lausana.
Christopher Seilern, Senior Equity Analyst
Christopher se incorporó al equipo de inversión de Pictet Wealth Management en 2008 para cubrir el sector de tecnología global. Su principal área de conocimientos son las empresas cotizadas en Bolsa dedicadas al cambio tecnológico, y, más particularmente, la forma en que encajan en una paleta amplia de activos para las carteras de los clientes. Antes de llegar a Pictet, Christopher fue analista buy-side senior en Brompton Cross Capital, un hedge fund de renta variable «long-short» con sede en Nueva York especializado en el sector de la tecnología. Christopher también atesora amplia experiencia como analista de renta variable sell-side cubriendo el sector europeo de la tecnología en Londres con Collins Stewart & Co y Bryan Garnier & Cie.