Acceso Clientes
Contactar Pictet
Relaciones con la prensa
Acceso directo
EN | DE | FR | ES | IT
decrease font size increase font size

Contacto

Si necesita más información, póngase en contacto con nosotros.

Contacte con nuestro equipo


Otros artículos

Consulte más crónacas de prensa de los especialistas de Pictet.


 

Artículo publicado originalmente en alemán en el diario Börsen-Zeitung el 13 de febrero de 2010.

Banqueros privados - ¿Perdedores o ganadores de la crisis?

31 mayo 2010

Por todas partes se escucha que la crisis ya ha pasado.
Ahora bien, ¿realmente ha pasado?

Si nos atenemos a la definición del término propiamente dicha, la crisis ha sido sin lugar a dudas de corta duración. El denominado "punto de inflexión" se habría producido en los mercados de capitales en marzo de 2009, cuando los índices remontaron de mínimos y se acercaron, como por ejemplo el DAX, a los 6'000 puntos apenas considerados posibles a finales del año precedente.

 
 

Por Jacques de SaussureSocio

Pictet & Cie


 

Si nosotros hoy hablamos de "crisis", no nos referimos únicamente al hundimiento y a la recuperación en los mercados de capitales. Nos referimos a una pérdida de confianza de un alcance insospechado en el sistema bancario en su totalidad. Y el resultado no ha sido otro que "perdedores” en todos los frentes.

Los inversores han perdido parte de su fortuna, los bancos han tocado fondo y perdido su independencia o como mínimo significativos beneficios, los Estados se encuentran en dificultades de pago y los contribuyentes y las generaciones futuras tendrán que pagar por ello. En esta situación es prácticamente imposible hablar de "ganadores", por no decir que está prohibido. Sobre todo también, porque los economistas a comienzos del año 2010 no se atreven a excluir completamente un nuevo hundimiento de la coyuntura ("double dip"), los programas coyunturales llegan pronto a su fin y las sacudidas exógenas "a la Dubai" han puesto una vez más de manifiesto la fragilidad de las economías y los mercados de capitales. 

 
Los banqueros privados no son por lo tanto una excepción y tampoco forman parte de los ganadores de la crisis. Ni siquiera aquellos cuya prioridad es la gestión de patrimonio, son independientes de las influencias exteriores o están dirigidos por accionistas personalmente garantes y han evitado los segmentos críticos como, por ejemplo, el negocio de créditos y no se dedican a banca de inversión.

Es cierto que algunos de ellos pueden hacer referencia a una afluencia más o menos significativa de nuevos fondos provenientes de inversores acaudalados en búsqueda de una mayor seguridad, más solvencia y una política de inversiones tendencialmente más conservadora. Sin embargo, de este último punto se puede sacar una conclusión equivocada.


La internacionalización y la capacidad de posicionarse ante las exigencias de un mundo globalizado cada vez más complejas, estos es lo que permitirá diferenciar el trigo de la paja.

 

En efecto, los beneficios generados por aquellos nuevos fondos en los últimos 18 meses han estado -al igual que los volúmenes de patrimonio en su totalidad- en franco retroceso o han sido excepcionalmente bajos. Han predominado las inversiones en el mercado monetario a corto plazo y bonos, la proporción de acciones se ha reducido en la asignación de activos al nivel histórico más bajo, y todo ello con menores volúmenes. De eso tampoco han podido librarse los banqueros privados económicamente sólidos.

Seguramente resultó muy reconfortante, especialmente en el otoño de 2008, disponer de una sólida cobertura de capital propio, poder presentar un balance saneado y haber implementado una gestión de riesgo rápida y concluyente. Una estructura en la que la propiedad y la gestión se encuentran en una sola mano, acompañada de una total independencia en la toma de decisiones, les permitió además poder responder inmediatamente a las necesidades cambiantes de los clientes. No obstante, no todos los banqueros privados han podido aprovechar estas circunstancias favorables.

Se ha puesto de manifiesto que el tema del "Corporate Governance" puede llegar a ser un problema no sólo en los grandes bancos y especialmente en los tiempos de crisis. Una estructura de accionistas independientes o una estructura de empresa también significa con frecuencia dependencia de las decisiones y de la percepción de los valores de unos pocos. En efecto, la cuestión crítica es si el "Compliance", es decir, el cumplimiento y la supervisión de las propias reglas, es profesionalmente suficiente para evitar grandes riesgos y dirigir la empresa con relativa estabilidad respecto al mercado en tiempos de crisis.

En consecuencia, el "Compliance" constituye uno más de los pilares por los que se puede reconocer a un banquero privado bien equipado para afrontar futuras tormentas. En efecto, la competitividad no sólo se basa en la tradición, reglas de buen comportamiento y valores, por muy importantes que éstos puedan ser. Un razonamiento erróneo que ya ha causado la perdición de muchos banqueros privados respetables.

 

 
La internacionalización y la capacidad de posicionarse ante las exigencias de un mundo globalizado cada vez más complejas, también en cuestiones de patrimonio, y poder responder competitivamente a las mismas. Esto es lo que permitirá diferenciar también en el futuro el trigo de la paja.

Por una parte, esto significa una presencia internacional bien orientada con equipos con competencias locales, acompañada de la constitución de una masa crítica de patrimonio gestionado y de su diversificación. Y por otra parte, el correspondiente know-how en la gestión de activos y especialmente en las clases de activos complejas como Hedge-Funds, Private Equity, países emergentes o high yield. Tampoco hay que olvidar el tema de la sostenibilidad, si nos referimos ya a una mayor responsabilidad.

Los clientes son cada vez más internacionales y más profesionales, en gran parte debido a sus asesores privados y Family Offices. Correspondientemente con sus inversiones, y de manera a mantenerse a largo plazo entre los ganadores, aumentan sus exigencias en asesoramiento así como en soluciones respecto a tecnologías de la información y comunicación. En este sentido, la crisis no ha cambiado nada.

Salvo algunas pocas excepciones, los auténticos banqueros privados se han comportado muy bien en tiempos de crisis. La pregunta determinante en los próximos meses y años será conocer en qué medida la presión sobre los beneficios, en algunas casas aisladas, ha afectado a su patrimonio, y si pueden seguir expandiendo su modelo de negocios establemente y además internacionalmente. Ocupar un nicho puede ser también en este momento un modelo de éxito.

Es perceptible el deseo unánime de los clientes de disponer de nuevo de una persona de confianza como interlocutor en la gestión de patrimonio. Los banqueros privados, que con su buena reputación y con su patrimonio personal son garantes de sus riesgos comerciales, deberían en principio poder sacar provecho de esta circunstancia también en el futuro. Seguramente esta crisis algún día caerá en el olvido y serán otras las exigencias que ocuparán el primer plano. Para responder a ellas, habrá que estar preparado.