Post eurem: ¿quizás mañana?
| 26 noviembre 2010 |
La UE debería tomar medidas sobre todo para evitar patinazos, en particular un sobreendeudamiento privado¿Va a morir el euro uno de estos días, descuartizado entre la rigidez salarial del sur y el exceso de ahorro del norte? Muchos piensan efectivamente que el agotamiento de los deudores y el hastío de los acreedores harán estallar el sistema tarde o temprano. |
![]() Jean-Pierre BéguelinEconomista jefe Ginebra |
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Las necrologías de la moneda única que aparecerán entonces no dejarán de recalcar lo difícil que resultaba reunir economías muy diferentes, por ejemplo, por el nivel de capital físico – carreteras, red eléctrica, fábricas, maquinaria – con el que trabaja la mano de obra de un país. Cuanto más bajos sean esos recursos, menos productivos son los trabajadores y más pequeño es el pastel o, dicho en otros términos, el PIB por habitante. Por otra parte, cuanto más escaso sea el capital por asalariado, más aumenta su rentabilidad y por lo tanto el rendimiento del capital financiero subyacente y, normalmente, los tipos de interés serán elevados. Cuando se creó la UME en 1998, cada futuro miembro disponía de 150.000 a 200.000 € de capital físico por empleado, salvo tres: España, Grecia y Portugal. Irlanda – de una manera un poco contraintuitiva – e Italia se encontraban en esta horquilla.
De tal forma que en 2007, iniciando su adolescencia, la Eurozona es aún muy frágil. Los países menos desarrollados e Irlanda – los buenos alumnos campeones del crecimiento reciente – acumulan diversos peligros que pesan sobre ellos: sobreinversión interna, sobreendeudamiento externo y menor competitividad industrial. Los demás miembros experimentan una demanda interna más bien anémica, netas restricciones presupuestarias, mientras que sus ahorristas están expuestos directamente, o indirectamente a través de sus bancos, a la deuda de los aparentes buenos alumnos. Estas debilidades no están en absoluto relacionadas con las supuestas cualidades intrínsecas de las poblaciones en cuestión, sino con el propio proceso de integración monetaria entre países con distintos niveles de desarrollo, sin que este hecho se haya tenido en cuenta. | ||
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Los países menos desarrollados e Irlanda – los buenos alumnos campeones del crecimiento reciente – acumulan diversos peligros que pesan sobre ellos: sobreinversión interna, sobreendeudamiento externo y menor competitividad industrial. |
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Entonces explota la crisis financiera, asfixiando la actividad inmobiliaria, lo que causa un impacto crítico en España, o debilitando al sector bancario, que incide especialmente en el retroceso de Irlanda. Portugal, que realiza un 35% de sus actividades comerciales con España e Inglaterra, no resiste mucho tiempo, mientras que la recesión mundial causa pronto el estallido de la deuda pública griega. Los déficits presupuestarios aumentan prácticamente en todos los países, lo que desencadenará esa primavera la crisis de confianza que la UE intenta contrarrestar, a trompicones, prometiendo medidas cada vez más difíciles de poner en práctica. La necesidad se vuelve aún más urgente teniendo en cuenta que los países menos desarrollados de la UME no han logrado prácticamente recuperar su retraso. En 2008, a pesar de los avances logrados desde 1999, el capital físico por empleado sigue siendo en España y Grecia un 30% inferior al de los países más desarrollados de la Eurozona, mientras que en Portugal, Chipre, Malta y Eslovenia este desfase es de un 60%. El retraso eslovaco debe superar el 70%, y en los demás países de Europa del Este miembros de la UE es similar o incluso peor. Sin embargo, la incitación a invertir en esas economías se mantendrá durante mucho tiempo con el riesgo inherente de despilfarro que implica. |
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