Rentabilidad y diversificación gracias a la deuda emergente
| 06 agosto 2009 |
| Artículo de prensa Claramente mejor equipados estructuralmente que en los años 90 para afrontar la desaceleración coyuntural, los países emergentes se benefician también del apoyo de las grandes organizaciones internacionales. Excelente vector de diversificación para los inversores particulares e institucionales, la deuda emergente en dólares figura así entre las clases de activos con potencial de rendimiento muy prometedor en un horizonte de 12 a 18 meses. |
Alexandre RisSenior Product Manager Pictet Funds Ginebra |
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Al contrario de la situación que vivieron hace una década, los países emergentes experimentan actualmente una evolución bastante similar a la de las economías industrializadas. Han sido efectivamente afectados por la misma crisis coyuntural y están viendo descender el ritmo de avance de su producto interior bruto (PIB), debido principalmente a la desaceleración de sus exportaciones hacia países desarrollados. Sin embargo, el impacto coyuntural parece esta vez menos intenso, debido a numerosas reformas estructurales que estos países han emprendido durante los últimos años y que empiezan a dar sus frutos. Efectivamente se han esforzado mucho para lograr la independencia de sus respetivos bancos centrales, el control de su inflación, así como el equilibrio presupuestario y la constitución de reservas de divisas. Además, varios de estos países, como Brasil o incluso China – que ha anunciado un plan de reactivación por valor de casi 600.000 millones de dólares – han emprendido importantes medidas para estimular la demanda interna y disminuir así su exposición a las exportaciones. Bajo riesgo de incumplimiento Las economías emergentes están hoy en día mejor equipadas frente a la crisis y, por otra parte, pueden contar con el apoyo de los grandes organismos internacionales. Un solo ejemplo: el Fondo Monetario Internacional (FMI) dispone de 750.000 millones de dólares para ayudar a los países más débiles, mientras que el valor de mercado de la deuda externa de los países emergentes asciende a menos de 300.000 millones de dólares según los índices de JP Morgan. En cuanto a la Reserva Federal americana (Fed), ya ha puesto unas líneas de swaps a disposición de países como Hungría, Brasil, Méjico o Corea con el fin de ofrecerles suficiente liquidez en dólares. Cabe señalar también que, aunque en el pasado los gobiernos de estos Estados no dudaban en “quemar” sus reservas de divisas para defender las monedas locales, esto ya no suele suceder, dado que unas devaluaciones moderadas son sinónimo de competitividad potencial para las industrias exportadoras. |
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Pero si la deuda emergente ofrece de forma general atractivas perspectivas de inversión, por supuesto no pueden excluirse decepciones específicas, como por ejemplo el incumplimiento de pago de intereses por parte de Ecuador al final del año pasado. Sin embargo, unos escenarios catastróficos de mayor amplitud, como el de la reestructuración de la deuda argentina en 2001, son ahora poco probables. Pero es evidente que un enfoque diversificado del riesgo-país se impone también hoy en día. Este enfoque tiene un verdadero interés para el inversor particular o institucional con una perspectiva de inversión internacional, dado que la deuda emergente denominada en dólares presenta una descorrelación respecto a otras clases de activos que se ha acentuado aún más desde el principio de 2009. Por lo tanto, este campo representa hoy en día un tema de inversión en sí mismo y ofrece oportunidades de diversificación de cartera muy interesantes. Una asimetría que favorece al inversor Es cierto que, como el conjunto de las inversiones de riesgo, la deuda emergente denominada en dólares experimentó un fuerte aviso de tormenta durante el último trimestre de 2008. Los diferenciales de tipos registraron entonces un notable aumento, que pudo alcanzar hasta 900 puntos básicos (pb) de media, reflejando la prima de riesgo adicional para este tipo de inversión. Desde entonces, los diferenciales de rendimiento (spreads) se han estabilizado alrededor de 500 pb, un nivel que anticipa aún importantes previsiones de tasas de incumplimiento (ver gráfico). En vista de las reservas de divisas acumuladas en la mayoría de estos países y el apoyo muy importante de las agencias internacionales, no es probable que vayan a materializarse tales previsiones, al menos en los principales países emergentes. Por otra parte, la mejora de las calificaciones otorgadas por las agencias de calificación a una mayoría de economías emergentes podría demostrarlo. |
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En un horizonte temporal de 12 a 18 meses, estos spreads elevados son sinónimo de una asimetría de riesgos a favor del inversor. Por una parte, los rendimientos elevados de los cupones ofrecen perspectivas de flujos atractivos y, por otra, los importantes descuentos de ciertos títulos respecto a otros similares ofrecen un notable potencial de plusvalías. En efecto, aunque la recuperación económica mundial pueda reservar algunas sorpresas - con un rearranque en forma de «w» para una salida de la crisis acompañada de inflación entre finales de 2010 y principios de 2011 – sigue siendo algo tangible, contrariamente a lo que podrían indicar los niveles de valoración actuales de la deuda emergente. Finalmente, la participación de numerosos países emergentes en un proceso de recompra de deuda externa en dólares, financiado por préstamos en monedas locales, ofrece a los inversores dos argumentos de inversión adicionales. Primero, el de un riesgo aún más bajo de incumplimiento en el reembolso de la deuda pública denominada en dólares, además de la seguridad de una demanda duradera de esta clase de activos. Y, por otra parte, en un contexto en el que la rentabilidad anualizada de la deuda emergente denominada en dólares asciende al +8,62% desde finales de 2001, una exposición renovada a esta clase de activos es aún más recomendable puesto que ofrece a la vez diversificación y perspectivas de rendimientos favorables. |





Pero si la deuda emergente ofrece de forma general atractivas perspectivas de inversión, por supuesto no pueden excluirse decepciones específicas, como por ejemplo el incumplimiento de pago de intereses por parte de Ecuador al final del año pasado. Sin embargo, unos escenarios catastróficos de mayor amplitud, como el de la reestructuración de la deuda argentina en 2001, son ahora poco probables. Pero es evidente que un enfoque diversificado del riesgo-país se impone también hoy en día. 